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La nueva sentencia de muerte a Sócrates está ocurriendo en pleno siglo XXI.

Todos conocemos a Sócrates. Considerado el primer maestro de todos los tiempos su método de aprendizaje –el socrático- ha sido tomado por muchos como la base fundamental para el desarrollo del espíritu crítico.

Sócrates gozó de cierta fama en vida, una fama incómoda para las personas que ostentaban el poder y el liderazgo de pensamiento de su época. Fue condenado a muerte porque lo cuestionó y enseñó a otros a cuestionarlo. Como todos bien sabemos Sócrates no tomaba los dogmas como verdades inamovibles sino que hacía preguntas que ponían de manifiesto la debilidad de las asunciones de los supuestos “sabios” descubriendo la posibilidad de crear un postura distinta.

Pregúntate a ti mismo si te ha ido mejor cuando has seguido todas las reglas o cuando has cuestionado el status quo luchando por tus creencias, aunque fueran distintas de las de los demás.

Gestión de talento

La transformación digital de las organizaciones requiere el acompañamiento de una transformación en la gestión del talento. Las empresas piden profesionales con capacidad de innovar, crear, colaborar y sobre todo con mucha flexibilidad. Menuda paradoja que mientras se habla constantemente de la necesaria revolución del talento con especial foco en la creatividad, se premie la producción frente a la reflexión.

Qué paradoja: aún con más herramientas que nos facilitan el día y que supuestamente dejan tiempo libre para tomar perspectiva y concentrarnos en lo que realmente importa, nos vemos empujados por la sociedad acelerada a seguir haciendo más. Con tanto “tengo que hacer”, ¿qué tiempo queda para pensar?.

Nos hemos acostumbrado a estar siempre conectados, contestar inmediatamente los cientos de mensajes que por distintos canales llegan a diario. Nuestra concentración siempre es parcial, interrumpida por la decisión de un tercero que con su mensaje nos obliga a abrirle una ventana de oportunidad rompiendo la plena entrega al momento donde está nuestra presencia. Ya no queda pared entre la noche y el día. También los tabiques que separaban lo profesional y lo privado se han difuminado.

El otro día le pedí a mis alumnos en el IE Business School que pusieran sus móviles en modo avión durante 90 minutos. Me comprometí a esforzarme al máximo para ofrecerles una experiencia de aprendizaje estimulante que les hiciera estar “enganchados” al momento que íbamos a compartir. Si no lo conseguía, les animaba a que dejaran volar su mente muy lejos de allí, que se regalaran esos momentos para reflexionar y dejaran fluir libremente su mente, pues de esa experiencia sin duda nacerían ideas útiles.

Queda poco tiempo a pensar en una sociedad acelerada que nos empuja, NOS EXIGE, no parar. ¿Cuándo te permitiste estar una mañana o una tarde desconectado del móvil para estar centrado tan sólo en una actividad?
El verdadero aprendizaje no proviene del conocimiento, sino de la reflexión sobre el conocimiento.

La marca personal de Sócrates

La marca personal de Sócrates estaba basada en su búsqueda del conocimiento mediante el espíritu crítico. Su posicionamiento de marca era “ser un eterno aprendiz”.

Con su posicionamiento de marca retó al mismísimo Oráculo de Delfos al llevarle la contraria y seguir en sus trece de que no sabía nada aún cuando éste le nombró “el hombre vivo más sabio del mundo”.

La coherencia con su postura hizo el elevator pitch o “claim” más conocido de la Historia: “Sólo Sé Que No Sé Nada”.

Su sentencia de muerte

Sócrates mantuvo la coherencia hasta el final. Cuando las envidias de sus opositores triunfaron ante el tribunal no quiso usar su poder y fama para lograr la cancelación de su condena a muerte. Argumentó que su persona no era tan importante porque al fin y al cabo, “él no sabía nada” y que no entendía por qué les preocupaba tanto a aquellos que “estaban en poder de la supuesta verdad dogmática”. Este acto todavía enfureció más a sus enemigos y su rabia azuzó a las altas instancias hasta lograr que se confirmara la sentencia.

Morir no era para Sócrates el final. Si la coherencia ganaba a la necedad su máxima sobre el espíritu crítico trascendería y sería inmortal.

Sócrates fue condenado por revolucionar a los jóvenes, por darles herramientas para pensar por sí mismos. Por enseñarles espíritu crítico. Por enseñarles a reflexionar. Filosofía significa “amigo de la sabiduría”. Saber filosofía no es saber muchas teorías y recitarlas como si de ciencia inamovible se tratara.

Saber filosofía es adquirir la cualidad fundamental de un filósofo: “no creer en los dogmas inamovibles, cuestionarlo todo y estar dispuesto a cambiar de opinión hasta alcanzar la sabiduría”.

La nueva gestión del talento

La nueva gestión del talento necesita al filósofo que todos llevamos dentro. Las disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) son por todos los seleccionadores de hoy las más apreciadas pero estas herramientas sin el pensamiento crítico no sirve de nada.

Los headhunter queremos filósofos que sepan programación, matemáticas, economía o ingeniería. Filósofos que sean capaces de superar dogmas. Siempre habrá quien trate de proteger el status quo frenando a toda costa cualquier tipo de progreso o innovación y la nueva gestión del talento debe ayudar a romper esas barreras.

Después de Sócrates ha habido muchos filósofos que han seguido explorando la reflexión sobre el sentido humano. Es en la reflexión donde podremos encontrar el para qué de tanto correr. Por ejemplo Nietzsche hablaba de la importancia de la enseñanza para la espiritualidad centrándose en 3 aprendizajes básicos de la persona: “a mirar”, “a pensar”, y “a comunicar”.

¿Te paras a mirar? ¿a pensar? ¿realmente comunicas cuando escribes o hablas?

La opinión de Arancha Ruiz

Cuando eliminamos la filosofía de los planes de educación y los espacios de reflexión en las empresas en pro de la acción estamos condenando de nuevo a Sócrates a muerte. Él luchó por liberar a los jóvenes y las mentes inquietas de los dogmas de su época enseñándoles que podían desarrollar su propio pensamiento y animándoles a esforzarse en aprender y colaborar con los demás para descubrir la verdad.

El hombre es el único animal que puede concentrarse en una única tarea. Los demás tienen que estar pendientes de proveer alimento, cuidado a las crías, reproducción y proteger su vida porque de ello depende la supervivencia de toda su especie.

La evolución social de la Humanidad llegó con la especialización por tareas, lo opuesto al multitasking tan valorado de hoy. Es más, precisamente hacer algo por el placer de hacerlo sin ninguna utilidad nos ha dado el arte en sus formatos variados de pintura, escultura, teatro o danza. “Ir de un punto a otro danzando y dibujando creativas figuras es algo que sólo hace un humano.”

Si una máquina puede calcular y ejecutar mucho mejor que nosotros, ¿no serán la reflexión y la creatividad lo que nos darán ventaja para no terminar atrapados en un Matrix? Si nos convertiremos en superhombres y supermujeres biónicos, ¿no será la filosofía lo único que mantendrá vivo en nosotros el rasgo de humanidad?

Consumid filosofía, dedicad tiempo a pensar y reflexionar. Insistid para que vuestro equipo también lo haga. Influenciad a vuestros hijos para que amen una disciplina que no tiene un objetivo inmediato que les haga más productivos, más ricos o más famosos pero que les aportará la herramienta más útil de todas: “conocerse mejor o superar los dogmas en pro de una nueva verdad”.

La filosofía y la reflexión nos ayudarán a ser más exitosos, en el trabajo y en la vida.

Demostrad que la ejecución de Sócrates pudo matar su cuerpo pero no pudo acabar con su legado inmortal.

Seguro que puedes impulsar más tu talento y mejorar tu marca personal.
Contáctanos y te ayudaremos.

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