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El acto de vender ha sido siempre considerado poco glamouroso.

Vende que te quiero vende

 

Pero la realidad es que se envidia secretamente al que sabe hacerlo. Porque en el fondo todo el mundo tiene que vender.

  • Vende el abogado cuando explica que es muy bueno redactando una demanda para que el cliente contrate sus servicios.
  • Vende el médico cuando tiene que convencer al paciente de que siga estrictamente un tratamiento, pues de él dependerá la cura del paciente.
  • Vende el directivo cuando tiene que presentar resultados en el Comité de Dirección.

Todos venden pero efectivamente pocos saben hacerlo con sutileza haciendo que el cliente piense que en realidad es él el que compra y no el que se deja vender.

vendedor bueno

Vender es influenciar al otro para conseguir un resultado, un resultado que puede serle beneficioso. 

Porque si el abogado le redacta la demanda al cliente le ayudará a ganar su caso. Si el paciente obedece al médico y es riguroso en la aplicación del tratamiento puede llegar a curarse y porque si el directivo consigue la aprobación del Comité podrá seguir impulsando actividades para el crecimiento de la compañía.

No hay que confundir en la definición de vender el término influenciar con manipular, que define la RAE como intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., “con distorsión” de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. Subrayo de nuevo “con distorsión”.

Vender no es manipular, sino influenciar (“producir sobre otra ciertos efectos”). Pero resulta que es la misma RAE la que convierte un término positivo si habla de cosas en negativo si habla de personas.

  • Para cosas: Exponer u ofrecer al público los géneros o mercancías para quien las quiera comprar.
  • Para personas: Atribuirse condición o calidad que no tiene. Faltar uno a la fe, confianza o amistad que debe a otra.Decir o hacer inadvertidamente algo que descubre lo que quiere tener oculto.

No hay que ignorar el peso cultural de la lengua en nuestra sociedad, y resulta que ésta asocia atributos negativos al acto de venderse personalmente. Pero hay que usar precisamente la lengua para decir lo que uno quiere decir. Y es que cuando las personas se venden, no se venden a sí mismas como sujetos, sino venden un objeto: su conocimiento y su experiencia. En definitiva, venden su talento. Si una persona dice de forma objetiva lo que sabe hacer y el para qué lo sabe hacer, ya no “se vende” sino “vende”. Y si vende y expone correctamente el valor añadido que aporta, puede conectar con oportunidades que requieren precisamente de lo que esa persona sabe hacer.

A veces quedamos atrapados por los dogmas, la herencia cultural y la terminología.

  • Es la búsqueda de la ruptura de dogmas la que promueve la innovación (bien lo saben los científicos que nunca dan nada por absolutamente cierto).
  • La herencia cultural nos debilita con ese lastre de modestia tóxica compitiendo a nivel global. Los angloparlantes y muchos otros extranjeros saben vender sus méritos con facilidad. Una sola pregunta te hago:  ¿con quién compites hoy en un proceso de selección o en una venta de bienes o servicios?
  • La  lengua debe evolucionar con el avance de la sociedad.

Es hora de que “vender” asociado a personas deje de resultar peyorativo. Sin esperar a que la que “limpia, fija y da esplendor” lo cambie en el diccionario de la Lengua Española. Porque el mundo de hoy no espera a nadie.

Vende que te quiero vende.

Vende que te quiero vende

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