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En su libro Act Like a Leader, Think Like a Leader la profesora Herminia Ibarra dice que, para facilitar la práctica del networking, la solución es tomarlo como un juego. Yo añadiría algo más: es que ES un juego.

Un juego alimentado por la poderosa imaginación de la humanidad y que le ayudó a progresar como especie, cuando lo usó a gran escala para cooperar. La evolución del homínido habría sido imposible sin la colaboración entre cientos, miles, millones de desconocidos hacia un mismo objetivo. ¿Cómo superó el humano la limitación de los 150 individuos si todavía no existía internet?: con grandes dosis de creatividad. Inventó leyendas, mitos, dioses y religiones; también países, fronteras, instituciones y empresas; dinero, status, ascensos, premios y multas. El humano creó a lo largo de su historia miles de conceptos abstractos y dinámicas de juego entre ellas. Como explica Yuval Noah Harari en su interesante libro “De animales a dioses”: “Sólo el Homo Sapiens puede hablar sobre cosas que no existen realmente y creerse seis cosas imposibles antes del desayuno”.

La cultura y los valores proporcionan el marco de cooperación del juego. Como afirma Johan Huizinga en su obra “Homo ludens”, el hombre que juega, necesita un marco para coordinar a desconocidos. El juego de “vamos a organizarnos para cazar un animal” o a “construir una aldea” evolucionó a lo largo de los tiempos en “vamos a proporcionar servicios de agua, luz y saneamiento”, “descubrir la penicilina” o “salvar a las ballenas”.

El juego es una acción que se desarrolla dentro de ciertos límites de lugar, de tiempo, y de voluntad, siguiendo ciertas reglas libremente consentidas, y fuera de lo que podría considerarse de una utilidad o necesidad inmediata. Durante el juego reina el entusiasmo y la emotividad, ya sea que se trate de una simple fiesta, de un momento de diversión, o de una instancia más orientada a la competencia. La acción por momentos se acompaña de tensión, aunque también conlleva alegría y distensión.

Una empresa es un grupo de personas que juegan un juego con reglas acordadas por todos. El premio son reconocimientos, subidas salariales y ascensos. Hay juegos grandes y juegos pequeños. Juegos separados que se cruzan constantemente y juegos aislados. Se pueden distinguir los juegos por la ropa de quienes juegan: financieros con corbata, startuperos, techies y geeks gorros a rayas y gafa-pasta. Los creativos colores, los abogados y jueces toga, los policías uniforme. Los médicos bata y los deportistas mallas. El género se ha usado para crear dos juegos separados: el masculino del poder, la política, la guerra, los negocios y la empresa y el femenino del hogar y los hijos.

La cultura digital ha modificado muchos juegos. En el contexto del empleo y el talento, su influencia ha sido enorme: ha cambiado los objetivos de los juegos, creado nuevos, reformado tableros de sectores enteros, cambiado reglas dentro y fuera de las organizaciones. También ha exigido a los jugadores aprender nuevas habilidades para mantenerse en ellos.

Cuando te tomas el trabajo como un juego, además de que estás disfrutando, aumenta tu creatividad personal. Encontrar un juego que interese es algo más que divertido. Es apasionante, es excitante. Es trascendente. Unirse a otras personas para lograr un objetivo que hoy es sólo un sueño pero que si se trabaja duro y en equipo, es posible.

 

 

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