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En vez de recordar un propósito un día, hagamos lo correcto siempre. El establecimiento de días mundiales fue un hito, es cierto. Décadas después, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Naciones Unidas propone pasar de la conmemoración al compromiso.

Recuerdo leer en el maravilloso libro de Stefan Zweig “Momentos Estelares de la Humanidad” el intento fallido de crear la primera Asamblea de países tras una de las guerras mundiales, y que años más tarde dio pie a la creación de las Naciones Unidas. Me imagino entonces la creación del primer día internacional conmemorativo como algo que comenzaría cuando por fin varios países fueron capaces de ponerse de acuerdo en algo. Seguro que algún historiador podría aclararme este punto.

Sea como fuere, en un momento dado, los países, a través de sus organismos de coordinación, decidieron establecer días señalados en el calendario para concienciar a la sociedad de la importancia de algo. También sirven de algo más, como ellos mismos señalan en su página web. Son un “termómetro para conocer cuál es el interés que un asunto despierta en una determinada región”. Por ejemplo, en América Latina y en España los días que más atención atraen todos los años son los dedicados a Nelson Mandela (18 de julio), la Mujer (8 de marzo), y el Agua (el 22 de ese mismo mes).

Las asociaciones y empresas, como no podría ser de otra forma, también se hacen eco. Es imposible dar la espalda a las inquietudes de la sociedad, al fin y al cabo los empleados y los clientes son personas sensibilizadas con los problemas de la comunidad. Para subsistir, las empresas necesitan su apoyo y lealtad.

Objetivos de Desarrollo Sostenible

Es entonces cuando las empresas han desarrollado una creciente sensibilidad hacia temas que son de preocupación social: la salud y el bienestar, la contención de la desigualdad, la mejora de la educación, la sostenibilidad de los ecosistemas del planeta y la igualdad de género, por decir algunos de los más destacados. Esta iteración no es casual, ya que todos ellos -y alguno más- forman parte de los 17 Retos de Desarrollo Sostenible, ahora llamados Objetivos de Desarrollo sostenible (ODS), que la ONU estableció para este milenio.

Tengo que confesaros que fui la persona más feliz del mundo cuando la ONU los determinó. Inmediatamente me hice eco de ellos. En la cuarta edición revisada de mi libro El Mapa de tu Talento”, que habla de orientación profesional y gestión de carrera, ya los incluí, sustituyendo un sistema más casero que había propuesto a los lectores en su primera edición. Mi obsesión había sido encontrar un sistema suficientemente intuitivo que ayudara a las personas a conectar conceptualmente su actividad diaria con su propósito trascendente. Y la ONU me ayudó con sus ODS (17 Objetivos de Desarrollo Sostenible). Pero me estoy yendo de tema, así que vuelvo al hilo de la conmemoración de los días.

Hacerse propósitos es maravilloso, especialmente a principio de curso. Recordarlos también. Pero una vez que se crea el propósito, lo importante es cumplirlo el resto del año. Y no guardarlos en un cajón hasta el año siguiente.

Soy muy consciente de que mantener un propósito en una organización es mucho más complejo que en una persona, entre otras cosas, porque depende de muchos más actores y circunstancias. El liderazgo es el elemento diferenciador. Si el líder de una empresa está plenamente convencido de algo, asegurará con recursos y sus mejores profesionales que se haga. En cambio, si lo hace tan sólo de cara a la galería, dedicará poco presupuesto y pondrá a personas de rango medio, que aunque tengan toda la ilusión del mundo por lograr ese objetivo, pueden fracasar ante el peso gigantesco de una inercia con gran resistencia a cambiar, si no tienen los aliados internos necesarios. Y aunque se quiera, el engaño no dura demasiado. De hecho, en el mundo anglosajón, que se lo pasan tan bien bautizando cualquier tendencia, le pusieron un nombre al postureo de la RSC y la sostenibilidad llamándolo greenwashing”. Y como me decía una amiga el otro día, algunas ya van por el mismo camino con el tema de género y diversidad, llamado “pinkwashing”… y os podéis imaginar a qué me refiero.

Existe un día para todo, pero todo no puede hacerse en un día

¿Qué ocurre durante el resto del año? Las banderas no tienen ningún sentido si después miramos para otro lado. Está bien ofrecer un programa detallado con charlas y campañas en una fecha concreta. Sin embargo, se debería trabajar en favor de todas estas necesidades durante todo el año. Potenciar y exprimir la diferencia siempre, luchar por reducir las desigualdades. Porque de nada sirve colgar un cartel mostrándonos tolerantes si después nos quedamos de brazos cruzados.

Todavía existen impedimentos para acceder al mundo laboral, y algunos de estos tejidos con relación al género, orientación o nacionalidad. En un artículo de 2018 de The Economist sobre el liderazgo masculino en posiciones de Dirección Financiera (CFO), se explicaba que, en el sector de la economía, los hombres recibían un salario más alto que las mujeres. Y que ellas tenían la mitad de posibilidades de ser nombradas profesoras que ellos, discriminación que no sólo afectaba al género. El porcentaje de doctorados otorgados al colectivo afroamericano también es mínimo.

Excluir a mujeres y otros colectivos de algunas carreras y menospreciar su productividad, significa perder un gran potencial profesional y una diversidad de ideas y opiniones. Estos puntos de vista diversos no sólo favorecen a la mejora del negocio económico, sino a la de cualquier tipo de empresa o área profesional. Y facilitan la colaboración y la creatividad.

Nuestra tarea como profesionales y especialmente la de los líderes tiene que ser la de apostar por la diversidad del talento. Derribar barreras que sólo sirven para excluir y crear puentes que ayuden a llegar e integrar cualquier talento. Y hacerlo cada día del año.

Igual que un talento escondido dentro de un colchón no genera valor y se deprecia, si una persona es situada en un entorno donde es apreciada y tiene recursos para crecer y desarrollarse, su talento se multiplicará haciendo ricos a todos

Arancha Ruiz”.

Apostando por la diversidad y la inclusión: cada talento es único, así que ¿por qué no unirlos todos?

En un mundo tan global como el nuestro, con multitud de identidades, la sociedad se vuelve amplia y heterogénea. Y para dar respuesta a distintas necesidades, la solución pasa por aceptar y premiar la diversidad y la inclusión, ya sea de género, nacionalidad, sexualidad, cultura u otros factores. Porque si las empresas sólo quisieran un tipo de candidato, todas serían iguales.

Muchas empresas ya lo saben y empiezan a darse cuenta de la importancia de invertir en talentos diversos. Por fin animan a recruiters y headhunters a realizar una búsqueda más amplia con respecto a sus candidatos. Porque a la hora de formar un equipo, cuando se toma una decisión, incorporar distintas voces en su debate resulta crucial. El resultado es mucho más rico.

Cada talento cuenta. Cada talento es único. Porque el talento no existe en sentido abstracto, sino en la concreción y la diferencia. Y si unimos todas nuestras diferencias, conseguiremos llegar a sitios donde no llegamos antes.

El talento no entiende de calendarios y sí de entornos óptimos

El talento tiene un género, altura, volumen y color distinto. Y también una lengua, sexualidad, nacionalidad y cultura. El talento es diverso e inclusivo, y de ahí nace su riqueza. La igualdad no habla de crear una homogeneidad en las características (una idea en la que se asienta el comunismo), sino en la igualdad en el acceso a oportunidades y recompensas.

Rebeca Hwang, de herencia coreana, crianza argentina y educación estadounidense, habla en este vídeo del poder de la diversidad desde su propia experiencia. Como dice, ya no se trata de adaptarse al entorno, porque nuestra lucha no debe ser contra el espejo, sino que radica en la aceptación de la propia individualidad.

No todos encajamos en todos los sitios. Una planta del Amazonas puede morir en un bosque canadiense, una rosa de Inglaterra puede sucumbir en la sabana africana. Hay que saber cuándo adaptarse, cuando transformar el entorno o cuando emigrar. El talento ha de buscar y encontrar el espacio de trabajo adecuado que premie su diferencia y le permita desarrollarse en toda su belleza. Las empresas que quieren liderar un mercado saben que, sin los mejores, no pueden. No pueden permitirse perder la riqueza de su personalidad única y talento sin igual. Pero te diré un secreto. Todas las personas son cracks en algo. Todas tienen talento. Todas, ubicadas en el lugar correcto, son ese tesoro que las organizaciones están buscando. Incluida tú. Sólo tienes que asegurarte de que estás donde lo saben todos los días del año.

Y ya puestos y llevándolo al extremo, con temas como la diversidad y la desigualdad, el respeto y el cuidado al entorno, podríamos replicar lo que hacemos con el “Día del Trabajo”. Ese día no hacer nada, y “currar mucho” el resto del año. :-)

 

 

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