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Siéntete orgulloso de lo que haces y ayuda a los demás a comprender el valor que aportas y a respetarte. Toda actividad profesional es respetable.

Son las 6 de la mañana. Las calles están vacías mientras el sol ni siquiera ha comenzado a clarear en el horizonte. Sin embargo, una luz naranja se percibe intermitente y una figura se mueve. Es alguien que trabaja para la ciudad limpiando sus calles. En un edificio de oficinas, toda la planta parece dormida, y sin embargo, a través de la cristalera, si te fijas bien, puedes ver una figura con traje frente a un monitor perfilando los últimos detalles de un informe. A kilómetros de allí, en una fábrica, una persona con mono azul está a punto de empezar su turno, al igual que otra con bata blanca en un hospital. Todas ellas son importantes porque su labor ayuda a la sociedad. 

Sin embargo, no siempre todos ellos se sienten orgullosos de su actividad profesional, a veces sienten decepción o desmotivación. Cuando las cosas no salen todo lo bien que quieren o cuando no perciben el respeto de su labor. Y esto es normal porque, según los psicólogos sociales, nuestra seguridad, el orgullo que sentimos por nuestro trabajo, depende en gran medida de cómo los demás nos miran.

La mirada de los demás nos afecta a todos, y quien diga que no, miente. En este sentido, la temática de la imagen está relacionada en parte con la marca personal, que ya sabéis que para mí es una gran herramienta para impulsar el talento, el liderazgo, la carrera y la colaboración. 

Sin embargo, el problema surge cuando hay un desconocimiento, y eso desemboca en un prejuicio. Parecido a la posición de aquel periodista que escribió el artículo de La Vanguardia titulado “Las ventajas de ser una persona humilde en un mundo orientado a la autopromoción constante”, que tanto juego y debate nos dio en LinkedIn y en el blog la semana pasada. Como recordaréis, el artículo ensalzaba la humildad, tildando a las redes sociales y la marca personal como instrumentos utilizados por personas falsas, egoístas e inmaduras, excluyendo el buen uso que muchos profesionales hacen de estas herramientas.

Esto me lleva a la reflexión sobre la desinformación o el sesgo negativo que existe con respecto a los consultores de marca personal, que tienen una labor extremadamente esencial, pero también novedosa y desconocida por muchos.

Todas las actividades profesionales son respetables

Todas las actividades profesionales son respetables.

Todas las actividades profesionales son respetables.

Todas las actividades profesionales son respetables.

Todas las actividades profesionales son respetables.

¿He dicho ya que todas las actividades profesionales son respetables?

Respeta y hazte respetar. 

Penélope Cruz es una gran actriz, y Juan Antonio Bayona un director de cine exitoso, pero sin el apoyo de todos los cámaras, las personas de casting, los productores, profesionales de sonido, vestuario, escenografía, etc., no sería posible realizar sus películas.

Chema Alonso es un hacker súper famoso, pero el programador de su equipo es igual de relevante.

Ana Botín es la presidenta del banco, pero sin la persona que está en la oficina, su empresa no funciona.

Javier Cortés, un gran oncólogo de cáncer de mama, es un crack, y los médicos de su equipo y las enfermeras también, incluso las personas que programan las pruebas y hacen que los pacientes se sientan cuidados.

La marca personal y la imagen tienen un estigma, y sin embargo todos saben que es importante

Los profesionales debemos respetarnos entre nosotros, porque en el fondo somos aliados. Cuando tememos perder importancia, una reacción es minusvalorar al otro, en lugar de ponerlo en valor para, juntos, ser más valiosos. 

A veces me encuentro con profesionales a quienes no les gusta admitir que son buenos vendedores porque piensan que al decir “vendedores” se están comparando con un vendedor de coches de segunda mano. Un vendedor con los dientes negros y collares de oro, de esos que sabes que te van a engañar.

Otro caso muy curioso se produce cuando se habla de un abogado de pleitos. De repente, nos imaginamos a los abogados que, cuando se produce un accidente, se acercan a los hospitales para intentar provocar la demanda. 

Y a lo mejor, cuando pensamos en uno bueno, habría que poner otro ejemplo que ahora mismo no se me ocurre. Bueno, sí que se me ocurre, porque el caso más paradigmático son los coach. Hay muchos grandes coach (de los que se habla en el libro Trillion Dollar Coach, lectura MUY recomendada), mientras que alguna gente piensa en el coach como un profesional que está jugando a ser psicólogo sin tener la titulación. Yo lo que creo es que meter a todos en el mismo saco no es nada bueno, y que existen malos, pero también muy buenos profesionales de una misma profesión. Hay de todo en la vida del señor.

Por ejemplo, yo conozco abogados espectaculares. También conozco vendedores súper éticos que lo que hacen es convencer, que por un lado significa “con” y por el otro “vencer”, así que las dos partes están felices con la solución a un problema. También conozco a coaches súper eficaces.

Y por supuesto, conozco buenísimos profesionales de marca personal que hacen con muchísimo respeto su trabajo, como todas las profesiones o los buenos profesionales. Todo sin desmerecer a otros que son más livianos en sus aproximaciones, porque en el fondo tiene que haber un poco de todo. Y todo es necesario y útil, porque al final el público tampoco es el mismo.

Por eso me alegra tanto tener la oportunidad de ampliar la visión de aquellas personas que desconocen la labor del consultor y ofrecer una nueva perspectiva sobre la marca personal y el valor que aporta a los profesionales, los líderes y personas en general que quieran crecer y colaborar. 

Yo muchas veces digo que no soy coach. Pero no lo digo como desprecio al coaching, sino como respeto hacia él, porque un coach se ha formado con metodologías y certificaciones distintas a las mías, y no tenemos el mismo conocimiento. Cuando yo empecé, sólo había dos autores de marca personal en España: Andrés Pérez Ortega y Neus Arqués. Poco a poco, fuimos llegando otros (muchos de nosotros hemos sido autodidactas). Y lo que hacemos no tiene menos valor que lo que hace un abogado de Uría, ni lo que hace un vendedor de Sales Force, ni lo que hace el coach que asesora Ana Botín. Simplemente es distinto.

Las profesiones aportan por el valor que ofrecen, y por eso hay que respetar a TODAS las personas que las ejercen. Es fundamental respetar y admirar el trabajo de cada uno en su justa medida.

Yo agradezco mucho la honestidad de las personas que me dicen «he aprendido mucho sobre la marca personal y reconozco que estaba equivocado», porque reconocer que no sabes lo suficiente también es muy importante. Ser consciente de que al final cada uno tiene que saber de lo suyo

TÚ eres tu propio especialista

Cada profesional es especialista en lo suyo.

Cada profesional es especialista en lo suyo.

Cada profesional es especialista en lo suyo.

Y de ahí es de donde surge su valor.

Dejemos que cada profesional sea especialista en lo suyo y conozcamos su talento para poder aprovecharlo y compartirlo con los demás. Porque en la diferencia y en el respeto de los demás está la riqueza. Y sentirse orgulloso y percibir el respeto de los otros es fundamental para motivar el talento a querer crecer y aportar más. 

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