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¿Te encanta aprender cosas nuevas porque sientes miedo a la rutina? ¿Te cuesta concentrarte en una sola tarea porque estás dispuesto a hacerlo todo? ¿No quieres utilizar etiquetas porque definirte para ti significa limitarte? Si cumples dos de estas características, felicidades: ¡eres un explorador! Ser explorador significa ser adicto al aprendizaje, tener interés y curiosidad para crear, conocer y ver más allá de lo conocido. Pero toda cualidad o luz tiene sus sombras, a veces ese miedo a la rutina que sientes te puede limitar, así que para que tu talento brille, aprende a focalizar y ubícalo en su mejor sitio. 

Los exploradores son personas valientes, que buscan y se aventuran a descubrir tesoros escondidos, que sienten adrenalina hacia lo nuevo. Antes, descubrían continentes, exploraban montañas y océanos y creaban grandes inventos. ¿Y los exploradores de hoy? Los podemos encontrar en cualquier oficina, creando proyectos innovadores, investigando algún curso con el que complementar su trabajo o pidiéndole a su jefe un nuevo reto o tarea que les haga salir de su zona confort. 

Existe una idea romántica del explorador. Sin embargo, es equivocado pensar que siempre son personas arrolladoras o con musculitos, como el Dr. Bravestone de Jumanji. Porque más bien son como Spencer, ese chaval con sueños y también inseguridades al que le interesan muchas cosas en la vida.

Hay muchos exploradores a tu alrededor: en la oficina, en la calle, en tu vecindario… Incluso puede que tú mismo seas uno. 

Los exploradores disfrutan del aprendizaje, de los retos constantes. Cuando se inician en la vida profesional, todo es una aventura, y mientras haya reto, sienten realización y plenitud en su día a día. Sin embargo, es inevitable que un día la curva del aprendizaje se aplane. Que ya no haya tantas novedades o que la persona de la que dependan ya no sea un maestro, sino un igual. Entonces llega el miedo a la rutina y necesitan cambiar, buscar nuevos entornos para aprender. Y en su búsqueda, y aquí es donde entra la gestión de talento, a veces se pueden equivocar. 

Precisamente para hablar de los exploradores estuve en el programa “L’Ofici de Viure” de Catalunya Ràdio con Gaspar Hernández. Gaspar y yo ya conversamos en su día sobre el talento en un programa anterior, con motivo de la presentación de mi último libro Ahora o Nunca: 5 claves para triunfar en tu carrera profesional. Le llamó poderosamente la atención el capítulo de la dispersión, en la que caen habitualmente los exploradores, y quedó en invitarme de nuevo para hablar del “Síndrome del Explorador”. 

Por poneros en contexto, existen cinco frenos que limitan el talento: 

  1. Desubicación: No estar en el lugar correcto para tu talento
  2. Inseguridad: Nunca creerte suficientemente bueno
  3. Dispersión: No poner foco por estar en muchas cosas o no decir que no
  4. Desconexión: No tener los aliados necesarios
  5. Contención: No actuar cuando llega la oportunidad de calidad

El freno de la dispersión nace de una cualidad: la curiosidad. 

Explorar es necesario para el talento, lo enriquece, le motiva y le reta. Le aleja de la monotonía y le da fuerzas para vencer la inercia del día a día. Sin embargo, tiene una cara oculta. Cuando aprender se convierte en un fin y no un medio, puede llevar a la persona a perder el foco y a alejarse de una situación de equilibrio que le podría aportar la realización.

Te invito a escuchar el audio. Porque no solo hablamos sobre este freno, cómo identificar si estás preso de él, o cómo vencerlo. También cuento ejemplos, historias de personas maravillosas, de los Spencers que hay por el mundo, que son exploradores y que nos inspiran con su talento. Este es el enlace al programa completo.

En el programa también participó la psicóloga Joelle Cervera, que habla del aprendizaje como una cualidad innata e ilimitada, conectada con nuestro sistema neuronal, nuestra necesidad de supervivencia y nuestras emociones. ¿Y cómo se traslada esto al ámbito profesional? Los profesionales exploradores sienten una gran curiosidad por aprender y revolucionan funciones, trascienden los límites de los sectores en los que se encuentran y transforman organizaciones con sus ideas frescas. 

Ser explorador es una cualidad extraordinaria, un don o incluso un superpoder. Sin embargo, como decía Spiderman: “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”. Así que si eres explorador, ten mucho cuidado, porque explorar te puede llevar a descubrir o crear proyectos innovadores pero la impaciencia y un miedo a la rutina excesivo te pueden llevar a dejar proyectos prometedores o a distraerte o alejarte de tus objetivos y funciones en el trabajo.

3 verdades sobre los exploradores

  1. Las personas exploradoras odian las etiquetas. No quieren ser clasificados porque tienen miedo a quedar encasillados. Creen que definirse significa limitarse o cerrarse a otras posibilidades, y que a la larga eso les impedirá aprovechar grandes oportunidades profesionales.
  2. Las personas exploradoras se sienten dispersas o proyectan dispersión. Como no paran y sienten interés por hacer muchas cosas, les cuesta focalizar. Concentrarse o asumir que sólo pueden hacer una sola tarea a la vez antes de pasar a las siguientes les provoca dificultades para priorizar lo importante.
  3. Las personas exploradoras quieren hacer todo lo que es nuevo. Se tiran de cabeza a la piscina, sin evaluar si eso que quieren hacer es productivo para ellos o para la empresa. El aprendizaje es adictivo para ellos, por eso cuando ya han aprendido algo quieren saltar directamente al siguiente reto o función, para huir de ese miedo a la rutina que les consume.

3 consejos para impulsar el talento de los exploradores

  1. Aprende a utilizar las etiquetas, adaptándolas a tus necesidades. Las etiquetas son buenas porque te ayudan a que los demás sepan qué haces, te ubican en una función o sector, y hacen que puedan contar contigo para colaborar. Es normal que sientas miedo a limitarte o quedarte estancado en algo, pero en vez de quitarte todas las etiquetas, te animo a que las utilices según tus etapas u objetivos profesionales. Todos cambiamos de trabajo, aprendemos o descubrimos habilidades nuevas, así que aprovecha el poder del lenguaje para aceptar y evolucionar tus etiquetas. Ellas te ayudarán a llevarte donde tengas las capacidades y herramientas para desarrollar tu talento.
  2. Prioriza tus funciones y dedica tu tiempo extra al aprendizaje consciente. Querer hacerlo todo te llevará a no hacer nada y desconcentrarte de tus prioridades. Aunque te dé miedo atarte a algo y seas una persona ambiciosa, recuerda que trabajas en una empresa y que te has comprometido a realizar ciertas funciones o cumplir unos objetivos. Si crees que tu talento no está alineado con los retos o proyectos que te proponen, habla con tu superior y pídele que te ubique en otra posición. Y si simplemente quieres inscribirte en un curso porque te motiva aprender y crees que puede ser beneficioso para tu talento, pide que te concedan la autonomía y el tiempo que necesitas realizarlo. Los exploradores descartan o abandonan entornos donde no se les ofrece el tiempo o flexibilidad para practicar ese aprendizaje, pero hay muchas empresas que lo promueven. Eso sí, prioriza los aprendizajes que te ayuden a crecer y huye de los que te distraigan. Aprende siempre y cuando esté relacionado directamente con la actividad de tu empresa o si crees que puede servir para desarrollar tus habilidades.
  3. Alinea tus expectativas con lo que te puede dar la realidad. Aprendizaje no siempre significa progreso, así que ni rechaces todo lo conocido ni alabes todo lo nuevo. Puede ser que ya lleves un tiempo trabajando en una empresa, función o proyecto con el que te has comprometido. Por mucho que puedas sentir pesadez de esa rutina, tienes que valorar si la alternativa será beneficiosa para ti. ¿Qué te aportaría ese cambio? Puede que simplemente necesites un reto nuevo para motivarte dentro de tu trabajo, en vez de un cambio tan drástico como empezar de nuevo en algo que nunca antes has hecho y no sabes si se te da bien. Antes de terminar en un sitio donde no estés bien, evalúa fríamente donde te llevará cada una de tus decisiones o pide la ayuda de un orientador profesional. No todas las oportunidades son buenas o sirven para todo el mundo, así que contratar a un orientador puede ayudar a gestionar tu talento en un momento tan complicado como la toma de decisiones. El halago es el peor consejero de carrera, a veces hay caramelos envenenados.

Si eres un explorador, reconócete y acéptate. Después, busca y aplica herramientas para evitar caer en la dispersión. Así convertirás esa exploración en un factor positivo para tu carrera, en un don que te sumará en vez de restarte. 

Necesitamos más exploradores en nuestras organizaciones. Te necesitamos. Porque nos aportas creatividad, crecimiento e inquietud por la novedad que transforma, impulsa y enriquece nuestra vida. Gracias. 

Seguro que puedes impulsar más tu talento y mejorar tu marca personal.
Contáctanos y te ayudaremos.

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