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Comunicarnos nos ayuda a expresar quiénes somos y que los demás sean capaces de reconocernos e identificarnos con un concepto, objetivo, perfil o sector. Por eso, disponer de la seguridad necesaria para hablar mejor en público y transmitir un mensaje claro se ha convertido en tarea obligatoria para cualquier profesional.

Exponerse delante de los demás genera cierta inseguridad, ¡hasta en el profesional más experimentado!. Dominar la oratoria requiere de práctica, práctica y más práctica. Y como ya adelantamos en el anterior post sobre cómo hacer tu elevator pitch, se trata de identificar objetivos, encontrar las palabras, añadir elementos emocionales y una vez esté todo preparado….¡Repetir, repetir, repetir y volver a repetir!.

¿Sabías que Martin Luther King ensayó repetidas veces su discurso antes de declamar el famoso “I have a dream” desde las escalinatas del Monumento a Lincoln, durante la Marcha por el trabajo y la libertad? Escogió las palabras con astucia porque conocía de primera mano la audiencia que iba a escucharle, cuáles eran sus inquietudes y deseos. Durante los meses anteriores, en los muchos mítines y reuniones con grupos y comunidades, fue dándole forma, incorporando nuevas historias, probando giros, añadiendo metáforas. Hasta que aquel día, en ese momento tan histórico, todo cobró vida. 

¿Te imaginas la de horas que Emma Watson dedicó a elaborar el discurso que dio en la asamblea de la ONU para defender los derechos de las mujeres? ¿Para crear una nueva óptica? A través de sus palabras, abrió la puerta a una nueva forma de pensar sobre la desigualdad de género, que afecta tanto a hombres como a mujeres dentro de nuestra sociedad. Fue consciente de la situación y analizó las distintas problemáticas para proponer soluciones reales y motivar a todos y todas las que estábamos pendientes de sus palabras. La fuerza de sus argumentos y la pasión de su exposición, sin efectismos y con contundencia, puso la primera piedra del movimiento llamado “He for She”. 

En ambos casos, podríamos decir que eran expertos comunicadores y que por eso no se pusieron nerviosos. Pero permitidme deciros que lo dudo. En esos momentos críticos, ambos estaban fuera de su “zona de confort”. Luther King no estaba en un púlpito, estaba junto al padre de la nación, a los pies de Lincoln, pidiendo al poder que les escuchara y concediera derechos. Bajo la mirada atenta de sus seguidores, y también de miles de policías blancos. Y Emma estaba en un escenario muy distinto de las torres de Hogwarts, sin cámaras, ni dirección, ni posibilidad de segundas tomas. 

Por eso, nunca consideres que los demás saben algo que tú no. Todos nos ponemos nerviosos, especialmente cuando queremos que nuestro mensaje llegue y sabemos que sólo tenemos esa ventana de oportunidad para transmitirlo. 

También me gustaría hacer otra reflexión. “Hablar en público” es referirse a una reunión con 5, a un directo de Youtube o a un Zoom. Al final es poner en común con otras personas y conseguir que tu idea trascienda. Por eso es súper necesario que tengamos trucos, estrategias, pautas para dominar la técnica y también controlar la tensión. Estoy segura de que lo que tienes que decir es importante, tu talento está detrás de tus palabras. Son tus ideas y reflexiones. 

Por eso me gustaría compartir contigo estos 3 trucos que uso a menudo y que me ayudan a hablar en público 😊

1) Contextualiza y estructura

Tómate tu tiempo para reflexionar y delimitar tu discurso. 

  1. Ten en cuenta en qué contexto o ambiente vas a hablar. ¿Es un evento profesional? ¿Es un contexto social y distendido? El sitio definirá el estilo y el tono. 
  2. ¿Quién será tu público? ¿Una conferencia académica? ¿Una reunión profesional con clientes? ¿Con tu equipo? La audiencia definirá la cantidad de contexto que tendrás que introducir y también el objetivo. 

Una vez estudiada y analizada la situación y la audiencia donde se enmarcará tu discurso, puedes empezar a construir el contenido. Piensa con detenimiento qué quieres decir o transmitir en ese momento preciso, qué es primordial en tu mensaje y qué puedes obviar. ¿Cuál es el objetivo o qué quieres causar en quienes te escuchan? Dependiendo de si es una presentación personal, de tu perfil profesional, tu empresa o tu proyecto, construirás un mensaje u otro.  

Reserva un hueco en tu agenda, coge una libreta y empieza a apuntar. Dejar tus ideas por escrito y releerlas te ayudará a tener un primer borrador que encaminará tu discurso. También puede servirte de ayuda para interiorizar el mensaje y darte la seguridad que necesitarás a la hora de practicar. Eso sí, recuerda que no siempre puedes tener la hoja delante. En algún momento tienes que arriesgarte y dejar de leer.

Recuerda también mantener una coherencia a nivel de marca personal. Has de pensar que a veces nos comunicamos a tiempo real, pero que la mayor parte del tiempo nuestro mensaje se transmite de forma asincrónica y online. Las redes sociales nos permiten acceder a la información en cualquier momento, por eso es tan importante que el mensaje que transmitimos cuando hablamos en público se corresponda con el que defendemos en otros canales. 

La prueba de que el discurso está bien diseñado es si una persona a la salida puede contestar a la pregunta “¿De qué habló esta persona?”, resumiendo la idea que tú querías transmitir. 

2) Ensaya y repite

Es el momento de poner en práctica todo lo que has estado releyendo. Para que no te resulte tan brusco, empieza desde cero: ensaya delante de tus contactos más próximos y anímalos a que te escuchen con oídos críticos. Sus opiniones te ayudarán a ir mejorando poco a poco y a quitar o añadir elementos que enriquezcan tu mensaje.

Practica, practica y practica. Así cada vez te resultará más natural, tu discurso te resultará conocido y te identificarás con él. Ensayar te concederá la soltura que necesitas para que no suene forzado, como si le contaras una historia emocionante o un cuento que conoces al detalle a quién te escuche. Empieza poco a poco, ya verás como cada vez vas perdiendo más el miedo y te sueltas del todo.

Repite todas las veces que haga falta. No tengas miedo de cansar, todo lo contrario: si la marca personal funciona es gracias a la repetición, y lo mismo ocurre con los grandes discursos. Escoge sabiamente tus palabras clave y salta al escenario. Lo que tienes que crear con tu discurso es una canción. Porque las canciones, a diferencia de la poesía, siempre tienen un estribillo que se repite. Ese estribillo que convierte la canción en pegadiza y hace que no podamos despegárnosla de la cabeza (por mucho que queramos).

3) Relájate y sé tú mism@ 

No fuerces la máquina. Sé coherente y transparente con tu personalidad y valores. Eso te ayudará a ganar confianza y a transmitirla a tus audiencias. Recuerda: lo que se espera es que pongas en práctica un mensaje claro, coherente y conciso, no que utilices unas palabras u otras. Hay gente que prefiere los tecnicismos y otra que se encuentra más cómoda hablando de forma cercana o utilizando otros sinónimos más coloquiales. Puedes decir lo mismo de formas muy distintas. Busca para encontrar la tuya.

Tenemos que abandonar esa idea de que todos los discursos tienen que transmitir perfección y seriedad. No somos máquinas, ni todos los contextos, ni todos los interlocutores son iguales. Todo depende de dónde nos encontremos, con quién, qué mensaje queremos transmitir y cómo somos. Es entonces cuando nuestro tono o forma de expresarnos variará. Si quieres que los demás te identifiquen fácilmente, muéstrate tal y como eres y aporta tu toque personal. Eso te ayudará a cautivar.

A mí, las veces que me ha salido peor un discurso ha sido cuando me he alejado de mi propio yo. En esos momentos de tensión y parálisis, lo que me ha funcionado más es transmitir al público mi propia incomodidad y volver a empezar de cero. Sí, sí. Respirar, sonreír, reubicarte y volver al principio. ¿Qué quiero contar? ¿Por qué es importante? Calma los miedos e inseguridades, respira y céntrate en lo que vas a contar. Confía en ti y recuerda que nadie conoce mejor que tú lo que vas a decir. No te paralices: ACTÚA.  

Por último, lo mejor siempre es enemigo de lo bueno. Siempre se podría hacer mejor. Y siempre habrá alguien a quién no le convenza tu discurso. Alguien que dirá “pues no me ha gustado tanto”. No te quedes con eso. Lo importante no eres tú y tu ego, sino la idea que querías compartir. Tú sólo eras el vehículo. 

Cuando hablamos en público no somos actores ni presentadores profesionales. La forma es importante, pero todavía lo es más esforzarse por hacerla llegar. Si esa idea llega a una sola persona y la transforma, tu discurso habrá sido un éxito. Quédate con eso. 

Un último truco: observa a otros para inspirarte. 

Te dejo con material y bibliografía que puede ayudarte: 

  • Hable como en TED: Actualmente, las conferencias TED se han convertido en un gran éxito comunicativo con millones de seguidores en todo el mundo. Con este libro aprenderás a entender las nuevas reglas creadas para exponer en público y cautivar a tus oyentes.
  • Ideas que pegan: Dirigido a toda persona que quiera comunicar, estas pautas conseguirán hacer llegar tu mensaje de manera efectiva para que tu público lo recuerde y se le pegue como el estribillo de una canción.
  • 50 discursos que cambiaron el mundo: Descubre los discursos y mecanismos de oratoria más transformadores de los últimos tiempos de la mano de grandes figuras históricas: políticos, científicos, intelectuales, empresarios, líderes… 
  • Hubspot: Los 25 mejores discursos motivacionales de todos los tiempos: Inspírate a través de estos vídeos y descubre cómo emocionar a tu público.
  • Video: ¿Cómo hacer un buen Elevator Pitch?: Aquí te dejo con algunos trucos para crear tu Elevator Pitch y que los demás sepan quién eres, qué haces y por qué importa.

Yo te dejo con el de Emma Watson en la ONU 😉

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