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Hace unas semanas reflexioné sobre la dificultad de los jóvenes para encontrar trabajo al inicio de su carrera profesional en mi perfil de LinkedIn, donde comento a menudo sobre temas relacionados con el talento, la marca personal y el empleo. 

Un comentario que se volvió ¡viral! Este post de LinkedIn tuvo (a día de la publicación de este artículo) más de 236,886 visualizaciones, 7.000 interacciones y 200 comentarios.

Esta fue la frase:

“Los jóvenes no necesitan que les hablemos más de cómo prepararse para la empleabilidad. Lo que necesitan es que les demos una oportunidad.”

Podríamos clasificar los comentarios en dos tipos:

  • Projóvenes: Jóvenes compartiendo su situación de “por mucho que lo intento no encuentro empleo” y adultos projóvenes (profesores, orientadores, personas de RRHH y líderes) que ponían de manifiesto la preocupación y la frustración (incluso uno dejó su contacto, animando a los jóvenes que le enviaran su CV). 
  • Críticos: Que a su vez se clasificaban en dos: los que tenían un prejuicio de los jóvenes como gente vaga, que no se compromete, que no se implica y que prefieren estar todo el día por ahí jugando y que opinaban que estos jóvenes están en el paro porque no quieren o no se esfuerzan lo suficiente, y del otro lado los que más que criticar a los jóvenes, movían el debate a la situación de desempleo y despido de los más mayores.

Aunque puede que haya jóvenes vagos, los datos demuestran que hay algo más. ¿Es que un joven italiano, francés o noruego es menos vago que un español? ¿Cómo se justifica entonces la diferencia de tasa de paro europea, que está en el 17%, respecto a la española, que está en un 41%?  Tampoco parece que opinen que es mejor no trabajar, según el siguiente artículo, una encuesta de Microsoft determinó en 2018 que el 93% de los Millennials consideran la productividad como clave fundamental para la felicidad, y esta noticia publicada en El País nos advierte de la bajada del consumo de alcohol, tabaco y otras drogas con la aparición de la Generación Z, lo que indica que dedican menos tiempo que sus mayores en vicios durante sus años mozos. La triste realidad en España es que si los jóvenes no se emancipan, ni se casan ni tienen hijos antes es porque no tienen dinero suficiente ni para el alquiler. 

Volviendo de nuevo al debate de LinkedIn, comprendo la frustración de aquellos que tampoco encuentran empleo, sean jóvenes o mayores. Sin embargo, el problema de los mayores de 25, 40 o 55 años es distinto. Para empezar, sus cifras de paro no son comparables: 4 de cada 10 jóvenes que buscan activamente trabajo no lo encuentran, frente al 14% de los mayores que están desempleados.

No estamos hablando de quitar a unos para dar a otros, el cambio de mercado de empleo es estructural. Como expuse en mi columna de este mes “Las 10 habilidades más importantes para el futuro», publicada en la prestigiosa revista de Capital Humano, el trabajo se ha transformado, y sólo el reskilling de capacidades ayudará a las personas a no quedarse fuera del mercado laboral. Las personas mayores tienen un gran activo para ese cambio y aprendizaje, ya que tienen experiencia, visión global y acceso (o al menos lo tuvieron) a crear una red de contactos. En cambio, los jóvenes tienen poco a lo que asirse.

Empezar una carrera profesional nunca es fácil. Y para jóvenes con poca o ninguna experiencia, todavía menos. Por eso es tan importante que todas las empresas, líderes y reclutadores concedan la oportunidad de pasar la primera barrera y darles un trabajo. ¡Remunerado! Todos hablamos de los jóvenes y los queremos proteger, pero creo que deberíamos darles menos abrazos y más trabajo. 

Os animo a leer y escuchar las interesantes reflexiones que surgieron, fueran a favor o en contra. Aquí tenéis el enlace al debate, y si os apetece, por favor comentad.

Para terminar, me gustaría compartir algunas de las ideas más relevantes:

La importancia del acceso a la orientación laboral

A pesar de todo el tiempo invertido en formación al salir al mundo profesional, son muchos los jóvenes que se encuentran perdidos ante la inmensidad de un océano de alternativas. Una profesional dedicada al sector educativo comentaba sobre esto la importancia de concienciar y proporcionarles las herramientas necesarias para saber dónde y cómo empezar a nadar:

“¡Totalmente de acuerdo! Ahora, después de 30 años en el mundo laboral, estoy haciendo las prácticas para el máster de Profesorado en 1 de Bachiller, o sea rodeada de jóvenes. Estoy descolocada, por no decir flipando. Dejando aparte casos individuales, la mayoría son muy conscientes de que lo que están haciendo ahora no les proporciona una formación actualizada / práctica para prepararles para conseguir esa oportunidad que defendéis. Son conscientes de que hacer una carrera más máster no les garantiza nada, y algunos incluso piensan en hacer FP superior porque la tasa de empleabilidad en algunos sectores es superior que a la UNI. Invitaría a algunos expertos de la patronal que compartan unas horas en un Bachiller con los chicos, y a la vez que la comunidad educativa salga de su burbuja y que sea consciente de lo que se “ cuece “ en el sector privado. Mi primera impresión es que la escuela desde luego ahora no está preparándoles para las nuevas transformaciones del mercado laboral”

Muchos colegios e institutos han empezado cada vez más a contratar charlas con especialistas de formación y empleo, y hay que seguir incidiendo en ello. Necesitamos la ayuda de docentes y orientadores para que el talento joven aprenda las primeras pinceladas sobre cómo afrontar la búsqueda de empleo. Y luego, necesitamos que esta parte teórica se complemente con la práctica, que sean las empresas, sus líderes y sus reclutadores quienes ofrezcan esas primeras, segundas y terceras oportunidades.

Otra sugerencia es crear entornos seguros de aprendizaje:

“Complementaría personalmente con que lo que necesitan es un ecosistema que permita dar oportunidades, experimentar, aprender fallando, etc. ;)”

¿Oportunidad o precariedad?

Muchas veces ya no se trata sólo de conceder oportunidades, sino de que esas oportunidades sean buenas para quienes las emprenden. Una avalancha de comentarios de jóvenes profesionales hablaba de la dificultad a la que se enfrentan para encontrar o mantenerse en un trabajo que les proporcione las condiciones óptimas para subsistir. Una usuaria lo definía así:

“Sinceramente, ¡qué gran verdad! Universidad, máster, cursos, algunos nos gusta educarnos por nuestra cuenta en otros ámbitos, pero para las empresas solo somos carne de cañón. Somos los eternos becarios que hasta bien entrados en edad no parece que nos merezcamos un sueldo superior u otras responsabilidades en la empresa… Porque .. eh, ¡cuidado! ¡Que como seas muy bueno te van a tener que pagar! …”

Un primer trabajo les ayudará a aprender, pero no olvidemos que también tenemos que ayudarles a subir. Todos hemos empezado como becarios, pero luego alguien nos ha concedido la oportunidad de ir escalando posiciones. Lo natural es que las empresas y sus trabajadores se vayan renovando, no atascar el embudo por la parte de abajo. Lo único que piden los jóvenes es que les dejen crecer profesionalmente y económicamente, tal y como apuntaba otro comentario:

“No sé si con 29 años me siguen considerando joven, pero realmente pido esa oportunidad de progresar como sueño. Que los sueños no se tornen imposibles, tampoco pedimos tanto. Pedimos poder tener un hogar y vivir tranquilos.”

El talento debe ser retribuido y obtener las condiciones para ser desarrollado. Uno de los comentarios se venía quejando precisamente de esta situación:

“Leo muchísimos comentarios indicando que sobran oportunidades y faltan ganas de trabajar. La verdad, me apena muchísimo que esa pueda ser una opinión extendida. Conversar con antiguos compañeros de facultad, comentando nuestra situación laboral, y que seamos tantos los que no encontramos un trabajo con unas condiciones mínimas da que pensar. Hablamos de empresas que no intenten aprovecharse de un perfil junior como si fuera un becario eternamente, de horarios que se respeten y de un salario que nos permita vivir. Básicamente lo que queremos todos para poder vivir dignamente, ¿no? Os aseguro que somos muchos los que podemos (¡y queremos!) aportar a una empresa todas nuestras ganas de trabajar y energía.”

Los jóvenes son personas extremadamente talentosas, cualificadas y luchadoras, con capacidades y habilidades de sobra para afrontar todos los retos y metas que se proponen. Están preparados para el futuro, y tenemos mucho que aprender de ellos. La inexperiencia puede provocar dudas, pero seguir dudando de la capacidad y el talento de los jóvenes es un pez que se muerde la cola. Como no tienen experiencia, no les contratamos, y si no les contratamos, nunca tendrán experiencia. Tenemos que frenar esto. Dejemos de sentirnos amenazados y empecemos a tejer redes de colaboración. Ayudémosles a que se emancipen, que vivan su vida y tomen las riendas de su carrera.

¿Cómo apostar e impulsar el talento joven?

Empresas y líderes, aquí va una lista de consejos a aplicar si decidís reclutar a más jóvenes a vuestras filas. ¡Tomad nota y empezad a ponerlo en práctica! 😉

  • Aprecia y escucha. Si necesitas contratar personal, quizá sea el momento de darle una oportunidad a todas aquellos jóvenes que han llamado a tu puerta o te han enviado su CV anteriormente. Atraer a gente joven puede ayudarte a descubrir nuevos puntos de vista y darte nuevas ideas que antes no habías contemplado, así que escucha con atención y valora sus aportaciones.
  • Motiva y confía. Apuesta por su talento, pon retos y premia tanto sus logros como el trabajo bien hecho. Si quieres que se queden y crezcan contigo, tendrás que darles el amor, la motivación y la confianza que necesitan para impulsarse.
  • Ayúdales a subir escalones. Concédeles la oportunidad de mostrar su evolución para que asciendan, brillen y se profesionalicen. Nada de mantener eternamente la etiqueta de becario. Asumir una buena posición, acorde con sus habilidades y su talento, además de con un buen sueldo que les permita emanciparse y vivir tranquilamente es todo lo que piden.

Tenemos que querer lo mejor para los jóvenes porque una vez nosotros también lo fuimos. Aprendamos a colaborar con ellos, a concederles oportunidades, a nutrirnos de su energía, ganas y conocimientos, y ayudémosles a ir subiendo hasta alcanzar la cima. 

Y para los mayores, deciros que también sois jóvenes en vuestra reinvención. Las organizaciones necesitan todo el talento: el junior y el senior. ¡Trabajemos para que todos encuentren su mejor ubicación! 

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