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La marca personal ayuda a elaborar un mensaje claro que define el talento de cada persona y a proyectar una imagen impactante hacia los demás. La marca personal está al servicio del talento, es un medio y nunca deberá ser su finalidad. Es una competencia para la gestión de la carrera profesional, una habilidad.

Sin embargo, exponerse y compartir a veces genera inseguridad. Porque se tiene la duda de si realmente hay un talento que exponer. Y la respuesta es sí. TODO EL MUNDO TIENE UN TALENTO.

A pesar de saber esto, a menudo me encuentro con personas que dudan mucho. Tan fuerte es su inseguridad que menosprecian sus propias facultades, de manera que incluso algunas persona llegan a creer que nunca estarán suficientemente preparadas o serán suficiente buenas en su trabajo. Y eso les conduce a reducir sus aspiraciones y deslizarse, por falta de auto-confianza, en una anodina mediocridad.

Por eso es tan importante encontrar herramientas que ayuden a las personas a valorar y confiar en nuestras capacidades. Eso no quiere decir tampoco animar a que las inflen, haciéndoles creer que son super-héroes y hacer que se pongan una capa y ridículamente se paseen por la calle. Con la marca personal me encuentro a veces con estos contrastes, y como siempre, el sentido común y el sentido crítico tendrán que servir para poner todo en su justa medida y equilibrio.

¿Cómo se mide el «ser suficientemente capaz»?

Uno de los mayores peligros es creer que no se tiene talento suficiente. Restarse valor.

Muchos de estos profesionales acaban padeciendo el llamado “Síndrome del Impostor”, una percepción negativa o de inseguridad sobre las propias capacidades que afecta al desarrollo de la carrera profesional. Estos pensamientos negativos pueden llegar a generar un estado de insatisfacción e inseguridad constante que impide que la persona perciba de forma objetiva la realidad de sus éxitos y logros. De esta manera, a pesar de las pruebas existentes y palpables sobre sus capacidades, son personas a quienes les cuesta mucho interiorizar su propio valor y el de su talento.

Una persona brillante nunca acaba de creerse que lo es porque siempre se compara con alguien muchísimo mejor. Con ese «lo mejor es enemigo de lo bueno», terminan cayendo en una insatisfacción constante. Piensan que no están a la altura incluso cuando todos le dicen lo contrario. Los cumplidos o pruebas de que su talento es valorado no son suficientes porque no existe la valoración interna, en esa comparación con ídolos imaginarios.

Si crees que sufres este síndrome, a continuación te recomiendo 4 pasos a seguir para aprender a valorar tu talento y ganar seguridad:

  1. Construye tu propuesta de valor escribiendo en un papel qué crees que te define y qué es verdad sobre ti. Responde a las siguientes preguntas: ¿Quién soy y qué hago? ¿Cómo lo hago? ¿Qué me diferencia de otros profesionales? ¿Por qué esto es relevante? ¿Qué valor creo que tiene mi talento y cómo lo aplico a mi entorno?
  2. Pregúntale a los demás qué les transmites como profesional. Comparte con personas cercanas (familia, amigos, mentores, compañeros de trabajo o incluso jefes) lo que has escrito sobre ti y contrástalo con sus opiniones. Esto te ayudará a ver si la imagen que tienes de ti se corresponde con la que transmites a los demás.
  3. Compárate con otros que hagan lo que tú haces o lo que tú quieres hacer. Seguro que primero te fijas en lo que NO tienes. Pero después caerás en la cuenta de que no hay tanta diferencia. Y después podrás fijarte en lo que SÍ que tienes de valor diferencial.
  4. Di en voz alta lo bueno que tienes. Hazlo frente al espejo. Sí, no me he vuelto loca. Verbalízalo. Recuerda que cuanto más repitas tu mensaje, más natural te resultará. Y te darás cuenta de que no estás exagerando, es la verdad. Tienes talento.

Defiende tu estatus y aprende a ser visible

A veces también ocurre que aunque las directrices de una marca personal están muy claras, cuesta que los demás reconozcan y validen tu estatus. El estatus está muy relacionado con el puesto que ocupa una persona en una sociedad y con el reconocimiento y la visibilidad de su talento. Es la percepción de los demás sobre ese puesto lo que hará que tus alianzas o relaciones profesionales sean de una u otra manera. Recuerda que tu capacidad para trascender y comunicar aquello que eres influye muchísimo en la manera que tienen los demás de verte, y en consecuencia en la forma que tienes tú de verte, reconocerte y valorarte.

Estos 3 consejos te ayudarán a marcar tu estatus y hacerte visible:

  1. Analiza donde te encuentras. ¿Cuál es tu posición y tus funciones? ¿Qué retos tienes por delante? ¿Quiénes son tus compañeros e iguales dentro de la empresa? ¿A quiénes tienes por encima o debajo?
  2. Trabaja tu mensaje y propuesta de valor. Añade tu categoría profesional dentro del mensaje que ya preparaste anteriormente. Recuerda: seas técnico, manager o directivo, tu rol es fundamental para el funcionamiento de la empresa y tienes que saber valorarlo.
  3. Haz visible tu estatus. Es imprescindible que los demás reconozcan y respeten el puesto que ocupas, que entiendan y tengan claro quién eres y qué haces. Defiende tu posición. Sólo así se producirá una colaboración y un equilibrio en la valoración mutua de vuestros talentos.

Utiliza tu marca personal para valorarte y hacerte respetar, para dejar claro lo que puedes aportar y por qué los demás pueden confiar en tu talento para colaborar. Si no lo haces será como si llevaras la capa invisible de Harry Potter, pero sin ponértela a tu voluntad.

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