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Cuando introduces una palabra en Google a veces descubres asociaciones sorprendentes. Con “narcisismo” por ejemplo puedes observar la fascinación que tienen las personas por conocer narcisistas famosos o incidir en el aspecto negativo del término.

narcisista

A eso se le llama en psicología social “rasgo de confirmación”: la búsqueda de argumentos que validen la propia opinión y el descarte de los que puedan contradecirla.

A veces tengo la impresión de que así sucede en la crítica hacia la marca personal, a menudo desdeñada bajo la acusación de ser un instrumento narcisista con la interpretación que proporciona la Real Academia Española (RAE): narcisismo es la excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras. Es como decir, “no puedes enseñar, explicar tus talentos, alegrarte de los éxitos porque estás cayendo en una excesiva complacencia de tus logros”. Conocido es que en ciertos ámbitos culturales está visto como algo muy malo sentir gozo por los triunfos y no culpa –porque siempre hay algo para auto-censurar-.

Sin embargo, me gustaría revindicar que hay otras visiones que sitúan el narcisismo como un escalón necesario del desarrollo de la personalidad. Por ejemplo, el Diccionario de Psicoanálisis de Chemana, Roland y Bernard Vandermersch define el narcisismo como «el amor que se dirige un sujeto a sí mismo». El narcisismo como rasgo positivo también tiene el apoyo de muchos autores, como por ejemplo de Andrew P. Morrison, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, que defiende que, en los adultos, una razonable cantidad de narcisismo sano permite equilibrar la percepción individual de las propias necesidades en relación con los otros.

Del mismo modo, también me gustaría reivindicar que hay una buena marca personal, la que ayuda a las personas a gestionar mejor sus alternativas profesionales y potenciar su liderazgo. Hay una buena marca personal cuyos efectos se han demostrado científicamente en artículos de investigación en múltiples campos como la economía, el marketing y la comunicación, la piscología y la educación.

Quizás la confusión procede de que existe un narcisismo patológico, con connotaciones negativas, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás. Es el calificativo de ‘patológico’ lo que hace negativo al narcisismo, y a veces se confunde por un mal uso. Usando un ejemplo, es como decir que el consumo es malo, porque se usa para designar el consumismo patológico o excesivo de algo. Sin embargo puesto en perspectiva, qué distinto se ve cuando añades otras palabras:

consumo de agua 

consumo de energía

consumo moderado

Querer gestionar tu marca personal no se trata de estar constantemente alabándote, sino que es desarrollar una competencia: la inteligencia práctica. Cabe recordar que la marca personal es una herramienta que, en el contexto laboral que vivimos, te ayuda a comunicar tu talento y te pone en contacto con el ecosistema en el que le puedes sacar más partido.

Dar la espalda a herramientas como la marca personal solo porque ‘no sé qué es’ o ‘porque me da miedo parecer narcisista (del tipo patológico)’ es una equivocación. Hay muchos prejuicios entorno la marca personal porque la gente rápidamente lo confunde con el postureo o con tener muchos seguidores en las redes. Olvídate de eso. Identificar tu talento y aprender a comunicarlo no tiene porqué ser postureo, siempre y cuando, claro, se use bien.

La importancia de la señalización

No debemos olvidar que vivimos en un sistema económico capitalista, dónde, nos guste o no, las personas trabajan por dinero y la gente mercantiliza su talento para ganar un sueldo. Es imperfecto, desde luego, pero todavía no se ha encontrado mejor alternativa a ese modelo. Y si no, evaluemos regímenes feudalistas o esclavistas de siglos anteriores o más recientes como los comunistas.

En el mercado de trabajo actual, constantemente en cambio y competitivo, surge la necesidad de diferenciarse. Hay cosas que uno ha hecho y éxitos que ha logrado que te hacen más valioso, pero que es necesario saber explicarlos para que tu entorno los descubra. Las personas tienen que ser capaces de distinguirse para poder aportar más, algo que en economía se conoce como señalización, especialmente valioso en mercados donde la información es asimétrica, como es el del trabajo.

Así pues, diferenciarse, poner en valor las propias cualidades y comunicarlas de forma efectiva es fundamental, y no hace falta ser narcisista para hacerlo. Además, una personalidad narcisista de perfil patológico, en psicología, acostumbra a llevar asociadas inseguridades y necesita constantemente el elogio o la aprobación de los demás. Justamente uno de los propósitos de la marca personal es mejorar la autoconfianza y la autoestima, y aprender a explotar tu talento dejando atrás las inseguridades.

Aun así, es verdad que se puede llegar a caer en actitudes narcisistas si no sabemos cómo comunicar o perdemos el foco del qué comunicamos. De no focalizar nuestra estrategia de comunicación de marca personal en ofrecer un beneficio claro hacia el público objetivo más que hablar de nuestros logros, podemos caer en la trampa de no recordar que no se trata de autoalabarnos sino de colaborar. La marca personal genera valor si se sabe usar, y el que la usa bien gana; ella y todo su entorno, porque lleva su talento allí dónde puede ser más aprovechado.

El individualismo, el eterno debate

La marca personal está enfocada en el amor al yo; pero el amor al yo no es el único objetivo, ya que la mejor muestra del amor a los demás empieza por quererse a uno mismo. Piénsalo de esa forma: cuando estás en un avión te dicen que si pasa algo te cuides primero a ti mismo, y luego socorras a los demás. Claramente, si no te salvas primero a ti, no podrás ayudar. Lo mismo pasa en lo relativo a la marca personal: para poder aportar a tu entorno, debes primero identificar qué puedes aportar, querer tus talentos y saber comunicarlos.

Hay mucha demagogia en torno al concepto de la marca personal. En la cultura occidental se está ensalzando mucho el individualismo, la capacidad de las personas por superarse a sí mismas y convertirse en seres perfectos y heroicos. Vemos el auge de la diversidad, la protección y adoración de la diferencia individual como una muestra de riqueza de la sociedad, que no deja de ser nuevamente como una forma de ensalzar el individualismo. La demagogia surge al alabar lo único y especial, buscar esas historias emocionantes de héroes cotidianos, y a la vez criticar la iniciativa de quienes quieren participar. ¿Quién decide quién, cuánto, cómo y cuándo es correcto exponerse y cuándo está fuera de lugar?

Desde mi punto de vista, la proporcionalidad, la adecuación, el mejor equilibrio, se encuentra al hallar la respuesta a la pregunta de ¿para qué? Como decíamos, diferenciarse de otros por tus talentos -con propósitos profesionales- te señaliza y te ubica en el entorno en el que puedes aportar más. Los talentos de uno junto con los de otros, todos diferentes e igual de importantes, enriquecen los equipos y benefician no sólo al individuo sino a todo su ecosistema. Si gestionamos bien nuestra marca personal, el impacto positivo derivado de nuestra huella será mucho mayor. Y eso es, también, un acto de generosidad.

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