Entre 1811 y 1816 los luditas, trabajadores textiles de la época en Inglaterra, se encontraban ante una lucha desesperada contra el avance implacable de la tecnología. En las fábricas de la Revolución Industrial, los telares mecánicos comenzaron a reemplazar a los hábiles tejedores amenazando sus empleos y sus formas de vida.
La resistencia brotó en forma de sabotajes nocturnos. En la penumbra de las fábricas, destruyeron los telares mecánicos con furia, como si cada golpe fuera un acto de desesperación y valentía ante un futuro incierto.
Décadas después, en las bulliciosas calles de Nueva York, una noche de 1917 estaba destinada a pasar a la historia. Los faroleros, cuyo trabajo era iluminar las oscuras calles de la ciudad, se enfrentaban a una amenaza similar. La iluminación eléctrica estaba en auge, y era inminente el reemplazo de cientos de faroleros por un dispositivo que encendiera y apagara las luces de cientos de calles con tan sólo un botón. Esa noche, en un acto de protesta, la revuelta dejó las calles de Nueva York sumidas en la oscuridad y el caos, un acto dramático que simbolizaba su resistencia frente a la automatización.
Cien años más tarde, un evento sacudió a la población mundial. En 2020 la pandemia del COVID-19 irrumpió en un mundo convulso que llevaba años de drástica transformación digital de los empleos y cambio en las industrias.
Sin embargo, a diferencia de las historias previas, la reacción no fue la resistencia y lucha ante la automatización y la incertidumbre. Esta vez las personas no se levantaron y pelearon, sino que optaron por un camino sorprendentemente diferente: la «gran renuncia».
A principios del siglo XXI, el panorama laboral experimentaba una profunda transformación. Las empresas evolucionan hacia estructuras más planas y flexibles, reduciendo las jerarquías y diversificando los tipos de contratación. En este contexto, el aprendizaje constante, a través de reskilling y upskilling, se convirtió en una necesidad apremiante para los empleados y profesionales. La incertidumbre sobre si las máquinas reemplazarían nuevamente a los trabajadores se apoderó de muchas mentes.
Pero las personas ya no tenían el mismo anhelo por el trabajo y se había quebrado su compromiso con las empresas que los habían empleado.
Albert Hirschman en 1970 ya se había dado cuenta de que las cuatro posibles respuestas de los empleados ante la insatisfacción laboral: la salida (Exit), la voz (Voice), la lealtad (Loyalty) y la negligencia (Neglect). Según Hirschman, la elección de una de estas respuestas dependía de factores como la percepción de la capacidad de cambiar la situación, la presencia de alternativas atractivas fuera de la organización y la gravedad de la insatisfacción.
Tras la pandemia, en lugar de quedarse en un trabajo que ya no los satisfacía, muchas personas optaron por abandonar sus empleos y buscar oportunidades que les ofrecieran una mayor realización personal, un mejor equilibrio entre trabajo y vida personal, y un entorno laboral más compatible con sus valores y aspiraciones. Los profesionales y empleados ya no querían quedarse vegetando, reduciendo su implicación a niveles de negligencia. Tampoco sacrificarse. Y pocos se vieron con ganas o competencias para ser agentes de cambio.
La «gran renuncia» se convirtió así en una respuesta que reflejaba la evolución de las expectativas y las oportunidades en un mundo laboral transformado por la digitalización y la experiencia de la pandemia.
Carrera y empleabilidad
Años antes en los círculos académicos se había empezado a escuchar la necesidad de crear organizaciones que estuvieran diseñadas bajo un nuevo paradigma: la sostenibilidad. Ofrecer trabajos y ecosistemas laborales sostenibles que permitieran a los empleados evolucionar de forma constante y ser más felices. Se entendía que era necesario abordar en paralelo la evolución del concepto de empleabilidad y de carrera, dos caras de la misma moneda.
La globalización y la tecnología creaban un nuevo contexto económico que transformaba empleos en carreras; se pasaba de hablar de habilidades y vocaciones a competencias e intereses. El crecimiento ya no implicaba necesariamente ascender, sino más bien construir una carrera sostenible y significativa.
El aprendizaje de nuevas competencias y la gestión de la carrera se consideran factores fundamentales para la adaptación profesional y la empleabilidad. En paralelo también existía una pregunta que dejaba una sombra de duda: si el trabajo humano sería necesario en un futuro.
El significado de empleabilidad no había cambiado esencialmente- entendido como el conjunto de aptitudes y actitudes que permiten a una persona conseguir y conservar un empleo- pero sí su contenido: las aptitudes y actitudes que el mercado laboral exigía.
Aún así, las máquinas aprendían, desarrollaban inteligencia motriz y cognitiva. El último paso sería las habilidades sociales pero…¿eran realmente tan necesarias si en el entorno laboral la presencia de las personas se reducía hasta la anécdota?
Por otro lado, ante el augurio pesimista existía una corriente de pensamiento optimista. Uno que se basaba (y se basa) en la visión de carrera como camino de aprendizaje. La nueva carrera se quería imponer a la tradicional:
- El modelo tradicional de carrera se caracterizaba por la importancia de la promoción o el ascenso y por la existencia de un cierto grado de compromiso de la organización con el progreso profesional de sus empleados, cuadros y directivos.
- La nueva carrera pone un fuerte énfasis en la gestión personal de la carrera, guiada por objetivos y valores personales. Se considera sin fronteras, pues amplía las oportunidades más allá de las barreras organizativas, profesionales y geográficas convencionales. Los profesionales están dispuestos a explorar nuevas vías y oportunidades en su desarrollo profesional.
El éxito en la carrera en estas nuevas carreras se ve como el logro de resultados laborales deseables en cualquier punto de la trayectoria laboral de una persona. Incluye, junto a aspectos subjetivos como la satisfacción y el aprendizaje otros objetivos como la ocupación, situación familiar, movilidad, atributos de tareas, ingresos y nivel de trabajo.
Queremos más del trabajo y de la vida
La pandemia mundial puso ante nuestros ojos una prioridad: la propia vida.
Muchas personas se encontraron reflexionando sobre sus vidas y sus prioridades. El confinamiento y la incertidumbre que rodearon a la pandemia llevaron a un replanteamiento profundo de los valores y las aspiraciones individuales. Muchos trabajadores comenzaron a cuestionar la tradicional carrera hacia el éxito y la acumulación de riqueza. Y cuando se empezó a vislumbrar la esperanza, empezaron a buscar una vida más realizadora, centrada en el equilibrio entre el trabajo y el disfrute de la vida. Muchos optaron por emprender, perseguir carreras independientes o dedicarse a actividades que les brindaran un sentido más profundo de realización personal. La seguridad laboral y la estabilidad financiera dejaron de ser las únicas metas.
Los analistas y académicos observaron estos sucesos primero con sorpresa y después tratando de ofrecer una respuesta. ¿Por qué no orientar a las personas a encontrar ocupaciones o profesiones que se ajusten a sus habilidades y deseos?
Porque el trabajo no sirve sólo para ganar dinero. Sirve para la autorrealización personal, construir nueva identidad social, cumplir con las expectativas del grupo y también da respuesta a cuestiones existenciales, manteniendo nuestra la salud mental.
La responsabilidad de la carrera ya no recae exclusivamente en la empresa empleadora, sino que es personal. Buscamos un mapa que nos ayude a llevar nuestro talento a su sitio correcto, allá donde podamos estar en lo que denominaría Mihály Csíkszentmihályi un “canal de óptima experiencia” donde el placer es tal, que hasta perdemos la noción del tiempo.
La sostenibilidad profesional (career sustainability) puede considerarse como una forma particular de sostenibilidad de las personas, es decir, como una capacidad de crear, probar y mantener la propia capacidad de adaptación profesional y construir vidas con un sentido mayor y más profundo.
Las carreras profesionales sostenibles ofrecen oportunidades para un «aprendizaje dinámico» que aporta beneficios mutuos para la persona y su contexto y debe considerarse a largo plazo.
3 consejos para desarrollar una carrera sostenible
1. A nivel personal, elabora “El Mapa de tu Talento”:
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- Sé consciente de tus valores y lo que consideras significativo en tu carrera.
- Especifica las recompensas que te llenan: tiempo, dinero, aprendizaje, influencia, etc.
- Toma decisiones alineadas con tus intereses: negocia ascensos, busca formación adicional, anticípate para estar adaptado y poder reaccionar ante cambios profesionales y eventos inesperados.
2. Identifica y mide el impacto de los factores de tu contexto: Las carreras están influenciadas por diversos contextos, que van desde el laboral al personal y que incluyen el sector ocupacional, el mercado laboral y la sociedad en general. Vigila los factores de influencia para intentar neutralizar o controlar los efectos negativos y potenciar los positivos:
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- El peso de lo que sucede a nivel económico y político
- La velocidad de adaptación de los avances tecnológicos o la transformación digital en tu contexto.
- La interacción entre tu empresa (o empleadores), tus compañeros (otros empleados) y tu entorno personal (familiares y amigos)
- Observa qué sucede en tu ámbito laboral específico. Si hay un ambiente laboral negativo en términos de racismo, sexismo o homofobia o es inclusivo.
- Ten en cuenta qué te sucede a nivel personal: los desafíos de equilibrio entre el trabajo y el hogar.
3. Integra el factor tiempo: No pienses sólo en el aquí y ahora. Los períodos de no sostenibilidad pueden superarse si has invertido anteriormente en aprender, mostrar adaptabilidad, aumentar la autoconciencia y buscar un mejor match entre competencias y mercado laboral. Recuerda que:
- Las carreras evolucionan con el tiempo e implican cambios y transiciones.
- Lo que hagas hoy, impactará en tu futuro
- La esperanza de vida más larga te permitirá trabajar y reinventarte varias veces
- La curva de aprendizaje necesita tiempo y ésta varía según la ocupación.
3 indicadores de una carrera sostenible: salud, felicidad y productividad
Para saber si vas por buen camino atiende a los 3 principales indicadores de una carrera sostenible:
- Salud: La salud y el bienestar, tanto física como mental. Que estés bien, en equilibrio.
- Felicidad. La sensación de éxito y satisfacción. Que sientas que la carrera está en línea con tus valores personales, tus metas profesionales y en equilibrio entre tu trabajo y vida personal. También que te proporciona oportunidades de crecimiento personal.
- Productividad. Que puedas seguir teniendo un buen desempeño en el trabajo actual, y mantenerte altamente empleable en un futuro y en diferentes trabajos. Eso significa que te preocupes por saber cómo vas y en buscar feedback sobre si tienes las competencias para adaptarte a las necesidades cambiantes de tu organización, sector o función en términos de habilidades y conocimientos, y en comportamientos que van más allá de lo estrictamente laboral como colaborar, acudir a eventos, apoyar a los colegas, empatizar y enseñar.
Cuando reflexionamos sobre la resistencia de los luditas y los faroleros del pasado frente a la transformación, nos damos cuenta de que la historia ofrece valiosas lecciones. En lugar de aferrarse a la idea de que el cambio es una amenaza, las personas que buscan carreras sostenibles abrazan la oportunidad de aprendizaje y colaboración para convertirse en agentes de la transformación.
La historia nos recuerda que el progreso tecnológico es inevitable y que nuestras respuestas ante él pueden determinar nuestro éxito y realización en el futuro. Aquellos que se comprometen a evolucionar con las demandas cambiantes del mundo laboral, a adquirir nuevas habilidades y a colaborar en la búsqueda de soluciones creativas son los que forjan carreras sostenibles y significativas.
Así que, en este viaje hacia una carrera sostenible, valoremos la capacidad de adaptación y el deseo de aprender como herramientas poderosas. Celebremos a aquellos que abrazan el cambio con determinación y se convierten en arquitectos de su propio destino laboral.
En lugar de resistir, inspiremos a todos a ser parte activa de la transformación y a forjar un camino que combine salud, felicidad y productividad en sus carreras.
El futuro es un lienzo en blanco lleno de posibilidades, y quienes abrazan el cambio están listos para pintar sus propias obras maestras.
Referencias
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